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8M. Día Internacional de la Mujer Trabajadora

 

El 8 de marzo es día de conmemoración de la lucha de las mujeres para avanzar hacia la igualdad sustantiva y, si bien, hay mucho para celebrar, las puertas siempre están abiertas a los retrocesos. Sin embargo, es en este siglo XXI que generaciones de feministas han tomado las calles, demandando sus derechos, instalado movimientos como #NiUnaMenos (2013) y la Marea Verde, que logró la Ley del Aborto Seguro, Legal y Gratuito (2020), demostrando que la lucha por la igualdad es un proceso continuo que requiere tenacidad, continuidad y pactos sociales. Ganamos en legislaciones, instalamos los derechos de la diversidad, y se consolidan nuevas narrativas y cuestionamientos que permean espacios a nivel masivo y popular como nunca antes se había logrado.
En este 8 de marzo, en el cual las amenazas crecientes del presente nos recuerdan que, si bien hemos logrado avances significativos, la lucha por la igualdad sustantiva, por el reconocimiento de las diversidades y sus derechos, están amenazadas. Estamos en tiempos de retrocesos, de negacionismo y al mismo tiempo nuevas actoras sociales cobran fuerzas y salen valientemente a reclamar sus derechos: orígenes, identidades, cosmovisiones, despliegan una nueva agenda política, la amplían y se instala en lo público. Este es un proceso continuo que necesita de la sociedad en su conjunto, no sólo de las mujeres, es también de los hombres democráticos. Es la interpelación al patriarcado como sistema de dominación, el que establece subalternidades y jerarquías y su interpelación demanda de más resistencias y de transformación social y cultural la cual es continua y requiere de persistencia, compromiso y más rebeldías.

En un mundo caracterizado por políticas y acciones basadas en la fuerza, en las guerras y ocupaciones y el unilateralismo que vulnera el derecho a la vida, la soberanía, la autodeterminación y la paz, necesitamos de una acción colectiva decidida y las feministas afirmamos que la democracia no se construye con bombardeos. Es decisivo politizar la vida cotidiana, los cuidados, la reproducción de la especie, la que no se resuelven con estrategias bélicas ni extractivismos.
Este 8 de marzo, defender la vida, proteger los cuerpos, y los territorios, la diversidad y el pluralismo multicultural.
Ana Falú. Socia SAPLAT – Regional Centro.

Planificar no es un acto neutro. Las decisiones sobre ciudades, infraestructuras, ambiente y uso del suelo moldean la vida cotidiana de las de personas. Por eso, ampliar la participación de mujeres en los espacios técnicos y de decisión no es solo una cuestión de representación: es una condición para construir territorios más justos.
En un campo profesional donde aún persisten brechas en el acceso a posiciones de liderazgo, reconocimiento y visibilidad, este día también es una oportunidad para reafirmar un compromiso colectivo: que más mujeres participen en las decisiones que dan forma a nuestras ciudades y territorios.
No hay justicia territorial sin igualdad en quienes la piensan y la construyen.
Anahi Membribe. Secretaria SAPLAT – Regional Patagonia Norte.

En nuestro país, existen graves retrocesos en materia legislativa respecto de los derechos consagrados a favor de la mujer trabajadora. Sabemos que las mujeres continúan asumiendo mayoritariamente las tareas de cuidado no remuneradas de niñas, niños, adolescentes, personas mayores, personas con discapacidad.
La reforma laboral aprobada genera imprevisibilidad horaria, dificulta la organización cotidiana de cuidados, turnos médicos, escolaridad y apoyos terapéuticos.
Se restringe la autonomía para administrar el propio tiempo, profundizando la doble jornada laboral: empleo más cuidados. Esta legislación debilita la protección social de la mujer trabajadora, consolida ingresos más bajos en sectores altamente feminizados, profundiza el acoso laboral y la brecha de género en el mundo del trabajo.
La derogación de normas de protección a la maternidad y del marco legal del teletrabajo completa un escenario de retroceso. En lugar de avanzar hacia la corresponsabilidad social del cuidado, la reforma traslada el problema al ámbito individual, obligando a las personas trabajadoras -especialmente a las mujeres- a resolver en soledad tensiones que deben abordarse colectivamente.
Para las mujeres trabajadoras y personas cuidadoras, estas regulaciones no constituían privilegios, sino herramientas mínimas para compatibilizar empleo y responsabilidades familiares sin quedar fuera del mercado laboral o en condiciones de vulnerabilidad.
Laura Ángela Martínez. Vice presidenta SAPLAT – Regional Cuyo.

 

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